
Seria una hipocresía enorme decir que ya
no pecamos y lo digo porque este cuerpo corrupto nos insiste cada día
para que caigamos en desobediencia y la mayoría de veces
terminamos accediendo a pecados desde los que consideramos pequeños,
hasta los que consideramos grandes, aunque siendo realistas cualquier
pecado es eso: pecado.
Y es que el pecar no es una razón por la
cual sentirse orgulloso, al contrario la mayoría de nosotros cuando le
fallamos a Dios nos sentimos mal, sucios, indignos y una tristeza se
apodera de nuestra vida, nos sentimos mal con nosotros mismos y aun mas
con Dios.
Pero cuando el pecado ya no nos produce
culpa ni cualquier sentimiento de dolor o tristeza, cuando pecamos y
lejos de sentirnos arrepentidos no sentimos nada, entonces allí si hay
un GRAN PROBLEMA.
Y es que a veces el pecado se convierte en nuestro “amigo intimo”, y digo intimo
porque en la mayoría de ocasiones las personas nos ven muy bien, pero
en la intimidad sabemos en que estamos fallando y que es lo que nos hace
sentirnos mal o incomodos.
La gente puede ver que sonríes, que le
sirves a Dios, que hablas de Dios muy lindo, que tienes dones hermosos,
pero eso no significa que en la intimidad sea exactamente igual a lo que
tratas de reflejar.
La mayoría de personas reflejan hacia
las personas una personalidad que en su intimidad no es la verdadera.
Muchos se ven alegres, sonriendo, pero posiblemente en su intimidad lloran, se sienten infelices y no encuentran como salir de esos estados de animo.
Cuando el pecado se vuelve tu “amigo intimo”,
es triste, porque no se lo puedes contar a nadie, te da vergüenza que
sepan que pecas en determinada área, no quieres perder la imagen que la
gente tiene de ti, entonces te encierras tu mismo, en tu propia vida y
con tu único amigo, ese pecado intimo, que nadie sabe cual es, pero que te afecta tanto.
Y es que guardar lo que te produce
dolor, es muy difícil, tratar de ser feliz sin superar esa área parece
casi imposible. Pero por alguna razón no te atreves a revelar el nombre
de tu “amigo intimo”, ¿Por qué?, quizá por temor a la reacción de los
demás, quizá por temor al rechazo, quizá por temor a que no sigas
sirviendo en esa área que tanto te gusta.
Yo sé que es tener un “amigo intimo”, yo
sé que es no poder contarle a alguien lo que te sucede, quizá por
miedo, quizá por vergüenza, quizá porque simplemente no quieres perder
la imagen que los demás tienen de ti, pero cuanto daño causa, cuanto
dolor, cuanta tristeza, es como un secreto que quisieras revelar y no
puedes hacerlo.
¿Qué hacer entonces?, la única forma de vencer a tu “amigo intimo”, es cambiarlo por otro que sí sea un verdadero amigo para ti.
Hablo de que la única forma de vencer ese pecado que poco a poco se fue convirtiendo en tu “amigo intimo”, es haciendo de JESÚS tu verdadero amigo.
Y es que he comprendido con el tiempo
que la única forma de ser fiel al Señor en todo, es manteniendo una
relación muy cercana con Él, no permitiendo que el tiempo libre o el
descanso te lleve a escuchar las seducciones de tu “amigo intimo”.
Y es que el no hacer NADA puede causarte grandes problemas, porque le
abres sin darte cuenta una puerta al enemigo para que te hable al oído y
te trate de convencer de fallar nuevamente.
Cuando haces de JESÚS
tu amigo, entonces todo el día estas con Él, todo el día piensas en Él,
cada situaciones de tu diario vivir te lleva a enfocarte en lo que Dios
haría o como actuaria en determinada situación.
El sumergirte en Dios, en leer su
Palabra cada día, el hecho de cantarle, de congregarte y servirle, puede
sustituir los tiempo o los momentos que le dedicabas sin querer muchas veces a tu “amigo intimo”.
La Biblia lo dice de esta manera: “No dejen que el mal los venza, más bien venzan el mal haciendo el bien.” Romanos 12:21 (Nueva Traducción Viviente).
Quizá has luchado muchas veces queriendo deshacerte de tu “amigo intimo”,
pero no has podido, quizá por algunos días, semanas o meses te deshaces
de el, pero al tiempo nuevamente esta contigo, a tu lado, susurrándote
al oído y platicando contigo, haciéndote sentir indigno, malo, sucio y sin capacidad para cambiar algún día.
Hoy quiero que recuerdes que Dios esta contigo siempre, a pesar de que muchas veces
te sientas atado a cosas que te están dañando en la intimidad, Dios
esta allí esperando a que le permitas actuar, recuerda que Él no ha
terminado contigo y no te va a dejar hasta que acabe la obra en ti. Su
Palabra dice: “Y estoy seguro
de que Dios, quien comenzó la buena obra en ustedes, la continuará
hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva.”
Filipenses 1:6 (Nueva Traducción Viviente).
Dios quiere hacer su parte en tu vida,
ahora es necesario que tu hagas tu parte, permitiéndole que Él sea tu
amigo verdadero, ese que en lugar de motivarte a hacer el mal, te
motivara a hacer el bien, ese Amigo que en lugar de hacerte sentir mal,
te hará sentir amado, querido, respetado, porque eres especial para Él.
¡No digas no puedo!, ¡No creas que eres
incapaz de salir de esa “amistad” que solo te ha llevado a sentirte mal
contigo mismo y con Dios!, La Biblia dice: “Porque no es un
espíritu de cobardía el que Dios nos otorgó, sino de fortaleza, amor y
dominio de nosotros mismos.” 2 Timoteo 1:7 (La Palabra
(Hispanoamérica)).
Tú no naciste para ser esclavo del
pecado, porque Dios ya te hizo libre, y desde el día que Él te compro tú
eres pertenencia suya y Él te ha dotado de una capacidad especial para
salir adelante de cualquier problema o situación que quiera ganarte la
batalla.
Recuerda esta verdad irrefutable: “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” Romanos 8:31 (Reina-Valera 1960). Dios no esta contigo porque te lo merezcas, ni se alejara de ti porque no te lo mereces,
Dios no es cambiante, Él prometió estar contigo todos los días de tu
vida, entonces si Él esta allí, ¿Por qué no comenzamos a hacerlo nuestro
verdadero Amigo?
Es hora de comenzar a cultivar una
verdadera relación con Dios, es momento de comenzar a buscarlo cada día
más, con una disciplina verdadera, con una determinación real, con una
disposición sincera y con un hambre real de su presencia sobre nuestra
vida.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario